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| Cuando el depredador es el hombre |
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| Escrito por Comunicaciones Corantioquia |
| Lunes, 05 de Diciembre de 2011 14:55 |
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Todos los días, desde muy temprano, cada grupo de monos, que puede estar conformado por 5 hasta 18 individuos, inaugura la jornada con una rutina de juegos y acicalamiento, para luego salir en búsqueda de la comida. Prefieren las frutas carnosas, como la guayaba de monte, y cazan grillos, saltamontes, mariposas, hormigas, abejorros, avispas y ratones, e incluso, saquean algunos nidos de aves en búsqueda de sus huevos. En sus viajes por el bosque esparcen las semillas de los frutos de los cuales se alimentan y sus desechos son abonos para la tierra. El macho alfa es el primero en comer. Él accede a la mejor fuente de energía porque de su previsión y fuerza depende la seguridad de la manada. Ante cualquier amenaza, él lidera el escape: si es un felino, ascienden velozmente hacia las alturas, y si es un ave rapaz, descienden y huyen. Desafortunadamente, cuando el depredador es el hombre las estrategias fallan, pues un cazador empeñado crea trampas en la tierra y tumba los árboles hasta capturarlos. El terror invade a los monos cuando empieza la persecución. Sus chillidos tratan de alejar al perseguidor, pero es una defensa inocua, así que casi siempre el cazador logra su objetivo; éste es quedarse con los miembros más jóvenes de la manada para venderlos como mascotas. Usualmente en el proceso es asesinada la madre. En Antioquia, el mono cariblanco es una especie bastante pedida en el mercado ilegal, lo que la ha puesto en una situación de extrema vulnerabilidad. Su suerte, desde el momento del apresamiento, es una historia que se repite casi sin variaciones cada vez. La venta se realiza en las carreteras o en plazas y su precio lo impone la necesidad de quien lo ofrece. Las personas que los compran lo justifican porque quieren una nueva mascota, o piensan que en casa pueden brindarle mejores condiciones. Sin importar las razones, la adquisición del animal regresa al cazador al bosque.
Su destino inmediato más frecuente es la muerte. Pero también están aquellos que logran ser amansados, lo que representa su muerte para el ecosistema. Al olvidar sus hábitos de supervivencia y reconocer al hombre como su líder, se hace casi imposible su rehabilitación y posterior liberación. Así las cosas, su única posibilidad es no ser cazados y para eso debe contarse con la responsabilidad de los ciudadanos y su entendimiento del rol de cada especie en la naturaleza. A propósito, diciembre es una de las épocas donde el tráfico de fauna se recrudece, posiblemente porque los animales son considerados un buen regalo de navidad o por el aumento del turismo hacia las zonas de explotación. No solo los micos cariblancos, sino las tortugas, las ranas, las iguanas y las loras, son presa especial de los antojos de fin de año, y en todos los casos, capturarlos, tenerlos o comprarlos es delito. La indiferencia y el desacato de la ley dejan como resultado que hoy haya al menos 360 especies de fauna silvestre colombiana bajo algún grado de amenaza. |
| Última actualización el Lunes, 05 de Diciembre de 2011 15:53 |








Cada árbol es un amplio entramado de corredores por donde los monos cariblancos se pasean a su antojo. El tallo y la copa tejida de delgadas ramas sostienen su andar grácil, tan liviano, que parece convertirlos en una extensión natural de la corteza. También habitan el suelo, pero con menor frecuencia porque es sobre lo árboles donde pueden moverse mejor y su pelaje marrón oscuro y blanco cremoso termina por incorporarlos al paisaje del bosque tropical húmedo antioqueño del Bajo Cauca y el Magdalena medio.
Ya en la ciudad, el mono empieza a crecer. Por instinto, querrá trepar y correr y comer todo lo que esté a su alcance, pero tropezará con el ambiente doméstico. Los nuevos dueños casi siempre recurren a las jaulas y los amarres para evitar los daños en su propiedad. Cambian además su dieta, su rutina y sus lazos parentales. Estas condiciones de estrés hacen que los médicos veterinarios de las autoridades ambientales vean repetirse hasta el cansancio el cuadro de animales desnutridos, alopésicos, enfermos, con deformaciones y hasta automutilados. 





