|
| Antioquia también está hecha de agua |
|
|
|
| Escrito por Comunicaciones Corantioquia |
| Miércoles, 16 de Noviembre de 2011 02:17 |
|
Se cuenta que en las zonas de los aluviones de oro vive la Madrelagua, la cual aparece acurrucada en las grandes piedras apostadas en las orillas de los ríos. Guarda ahí los depósitos más ricos que se forman después de las borrascas y su presencia es una advertencia para los buscadores de oro. En los relatos, el agua también aparece relacionada con la maternidad. Hay quienes han visto a la Madre del río, una ninfa de cabellos de oro y ojos de intenso azul, que atrae a los niños con tanta pasión que muchos de ellos terminan tirándose al caudal para perseguirla; y en las quebradas y las riberas de los ríos, otros han escuchado a la Llorona proferir alaridos por el extravío de sus hijos. Todas estas historias hablan de la presencia generosa del agua como símbolo de fecundidad, bonanza y misterio. No es para menos, pues Antioquia es una zona intertropical húmeda con numerosos afluentes gracias a la cantidad de lluvias y la formación de manantiales que proveen de agua a los caudales durante todo el año. El Departamento posee tres grandes cuencas u hoyas hidrográficas, éstas son las del río Magdalena, el río Cauca y el Golfo de Urabá, que alimentan el caudal de los afluentes que allí nacen con el agua que reciben de la precipitación, principalmente. Por ejemplo, a la cuenca del río Magdalena llegan las aguas de la vertiente oriental de la cordillera Central, así que drena un 22% del área de Antioquia. El caudal del Magdalena también es alimentado por los ríos Samaná, Cocorná, Nare y Alicante. A su vez, en la cuenca del río Cauca confluyen los ríos que drenan los flancos occidental de la cordillera Central y oriental de la cordillera Occidental, o sea, un 46% del Departamento. Sus afluentes más importantes son el Nechí y el San Juan. La explotación de ambos ríos, el Magdalena y el Cauca, comenzó desde la época colonial cuando los españoles los recorrieron palmo a palmo en búsqueda de oro. Pero aún hoy, luego de más de tres siglos de minería y pesca, siguen siendo fuente de alimento y metales preciosos y una vía de transporte indispensable.
En general, la potencia hídrica de Colombia convierte a los embalses en una opción recurrente de producción energética. Estos empezaron a construirse desde 1950, y para hoy, el 76% se destina a la generación hidroeléctrica y sólo cuatro de los más grandes tienen como función principal el abastecimiento de agua para acueductos. En Antioquia se encuentra más del 36% del área embalsada colombiana, e igual que la tendencia nacional, en su mayoría se emplea en la generación de energía. El Departamento también posee uno de los pocos aprovechamientos en cadena que hay en el país, conformado por los ríos Nare, que alimenta a los embalses de El Peñol y San Lorenzo; y Guatapé, que surte los embalses Las Playas y Punchiná. El agua es, entonces, un componente fundamental de la economía regional. Sin embargo, para quienes realmente conviven con ella representa algo distinto: es el elemento con el cual se entabla una relación vital y simbólica, precisamente porque de él depende la supervivencia y se cuela en todos los espacios de la cotidianidad. Las comunidades se apropian del agua de diversas formas. Un ejemplo de ello son los municipios que han tomado su nombre de un atributo asociado a ésta. Tal es el caso de Santa Bárbara, por la santa invocada para prevenir los rayos; Entrerríos, por su ubicación; Venecia, porque el territorio donde fue fundado era una laguna; Tarso, antes llamado Quebradalarga; y Puerto Berrío, por mucho tiempo conocido como Remolino Grande, entre muchos otros. Esta manera de nombrar es solo una muestra de la importancia del recurso hídrico también como espacio de interacción, disfrute e identidad. Su gestión adecuada es una acción en pro de la defensa de un patrimonio cultural y natural irremplazable. Fuentes:
|
| Última actualización el Miércoles, 16 de Noviembre de 2011 14:07 |
















